Marca de aceptación





Descarga gratuita


Martes, 07 de Septiembre de 2010
    

Taller
Entre los fumadores de pipa, siempre ha existido una irresistible atracción por visitar los talleres de los artesanos piperos. Este interés, se ve recompensado con una cierta actitud exhibicionista del propio artesano, que accede a mostrar sus escasos dominios territoriales, y disfruta del asombro que en el visitante origina el hecho de que,  en un espacio tan reducido, pueda llevarse a cabo una elaboración tan compleja. En mi caso, me gusta recibir amigos en mi pequeño laboratorio o taller que, sin ninguna connotación peyorativa, es conocido como "el zulo de Rafa".

LA PRIMERA MAQUINA. En un espacio preferente de mi taller, se encuentra esta máquina construida en el año 1937 ( el mismo año en que nació mi madre ). Con ella los primeros pasos en este complicado mundo de la fabricación de pipas se hace mas cariñoso en mi caso; su presencia sólida, su fortaleza y su trabajo incansable, me han acompañado hasta la fecha y espero que por muchos años más.

Con todas estas virtudes y después de un proceso de restauración, el nombre elegido en su bautismo fue el de "La Pepa", sólo podía ser un sentido homenaje a mi madre: Doña Pepa.

El uso del ordenador y de los programas de diseño, se hace imprescindible para concretar y situar en el contexto real los volúmenes abstractos que concibe el artesano. En ocasiones, es un corsé que delimita formas imposibles o que, en otro caso, atentarían contra las más elementales leyes de la física.

De la misma forma, la sierra de corte, que para el profano es una máquina cuya contemplación de su hoja produce escalofríos, es para el artesano la dictadora que impone severos contornos a su inspiración anárquica.

Concebida la forma y esbozada la pieza, hay que siluetear aprovechando al máximo la calidad estética y funcional de la madera. Teniendo una visión en tres dimensiones de la placa de brezo.

La ayuda del torno es imprescindible para dar los primeros pasos en la forma y sobre todo a las perforaciones con una precisión exacta. 


No obstante, para efectuar el último taladro - ese que deberá tener una calibración y ubicación milimétrica -, y de cuyo acierto dependerá el buen funcionamiento de la pipa, se confía al "buen ojo" del artesano y a la pericia de sus manos.


La operación de lijado de la cazoleta, es una lucha constante en la búsqueda de la textura más fina, que proporcione a la pipa el tacto deseado. En la foto, se puede apreciar una lijadora de banda textil construida artesanalmente por mí. 


El proceso de rusticado, tan denostado en épocas pasadas, parece ir adquiriendo en la actualidad la verdadera dimensión que tiene. Superadas las teorías que lo relegaban a pipas de segunda categoría, las infinitas alternativas de técnicas, formas y estilos que ofrece, permite al artesano desarrollar nuevas creaciones, llegándose al caso de identificar al autor por una determinada forma de rusticar.

El rusticado, como un veteado o un arenado, confieren a la pipa una personalidad propia que no se pierde con el paso y uso de la pipa.


Las posibilidades que ofrece el mercado en materiales para la fabricación de boquillas también se ha visto incrementado notablemente. Metacrilato, poliésteres, barras de colores, con veteados, aguas, incrustaciones, imitaciones de piedras. No siempre bien aceptado por los adeptos a las formas clásicas, son licencias que se toma el artesano, haciendo un guiño a la ortodoxia mientras echa un pulso trasgresor a la ebonita negra.

El perfilado a mano de la boquilla y el pisadientes, es un proceso delicado que realiza sólo la mano experta del artesano. De dar con la forma, tamaño y equilibrio perfecto, dependerá la comodidad de la pipa en la boca. Indudablemente, será un factor decisivo en la elección de la pipa ya que el contentar a la mayoría de los fumadores es tarea muy difícil.

Tintes, barnices, anilinas, ceras, pulimentos ? es la sección química del taller. Es una fase delicada. Hay que vestir sin enmascarar, la esencia desnuda de la pipa; como en una puesta en escena, conseguir que los ropajes no sobrepasen y anulen al personaje ...

Anillas, lisas o grabadas, de plata o latón, con incrustaciones o adornos, encastres de maderas exóticas, bambú, poliéster o de asta, múltiples posibilidades para dar rienda suelta a la coquetería femenina de la pipa.


El taller no es exclusivamente el lugar de trabajo. Por unos momentos, puede transformarse en ese lugar que todos ansiamos, personal e íntimo, para disfrutar de unos instantes de relajación. No hay nada tan gratificante como, concluída la obra, sentarse con una buena pipa, un café cargado y sacar a cazar a la imaginación, con el convencimiento de que, la presa, será una desafiante idea con la que afrontar un nuevo proyecto.

Espero hayan disfrutado del paseo virtual de mi pequeño taller



©pipesmartin.com.  Todos los derechos reservados.  info@pipesmartin.com   
Webmaster
juanjose_gomez@telefonica.net