Entre
los fumadores de pipa, siempre ha existido una irresistible
atracción por visitar los talleres de los artesanos piperos.
Este interés, se ve recompensado con una cierta actitud
exhibicionista del propio artesano, que accede a mostrar sus escasos
dominios territoriales, y disfruta del asombro que en el visitante
origina el hecho de que, en un espacio tan reducido, pueda
llevarse a cabo una elaboración tan compleja. En mi caso, me
gusta recibir amigos en mi pequeño laboratorio o taller que,
sin ninguna connotación peyorativa, es conocido como "el
zulo de Rafa".
LA PRIMERA MAQUINA. En un espacio preferente de mi taller, se encuentra
esta máquina construida en el año 1937 ( el mismo
año en que nació mi madre ). Con ella los
primeros pasos en este complicado mundo de la fabricación de
pipas se hace mas cariñoso en mi caso; su presencia
sólida, su fortaleza y su trabajo incansable, me han
acompañado hasta la fecha y espero que por muchos
años más.
Con todas estas virtudes y después de un proceso de
restauración, el nombre elegido en su bautismo fue el de "La
Pepa", sólo podía ser un sentido homenaje a mi
madre: Doña Pepa.
El uso del ordenador y de los programas de diseño, se hace
imprescindible para concretar y situar en el contexto real los
volúmenes abstractos que concibe el artesano. En ocasiones,
es un corsé que delimita formas imposibles o que, en otro
caso, atentarían contra las más elementales leyes
de la física.
De la misma forma, la sierra de corte, que para el profano es una
máquina cuya contemplación de su hoja produce
escalofríos, es para el artesano la dictadora que impone
severos contornos a su inspiración anárquica.
Concebida la forma y esbozada la pieza, hay que siluetear aprovechando
al máximo la calidad estética y funcional de la
madera. Teniendo una visión en tres dimensiones de la placa
de brezo.
La ayuda del torno es imprescindible para dar los primeros pasos en la
forma y sobre todo a las perforaciones con una precisión
exacta.
No obstante, para efectuar el último taladro - ese que
deberá tener una calibración y
ubicación milimétrica -, y de cuyo acierto
dependerá el buen funcionamiento de la pipa, se
confía al "buen ojo" del artesano y a la pericia de sus
manos.
La operación de lijado de la cazoleta, es una lucha
constante en la búsqueda de la textura más fina,
que proporcione a la pipa el tacto deseado. En la foto, se puede
apreciar una lijadora de banda textil construida artesanalmente por
mí.
El proceso de rusticado, tan denostado en épocas pasadas,
parece ir adquiriendo en la actualidad la verdadera
dimensión que tiene. Superadas las teorías que lo
relegaban a pipas de segunda categoría, las infinitas
alternativas de técnicas, formas y estilos que ofrece,
permite al artesano desarrollar nuevas creaciones,
llegándose al caso de identificar al autor por una
determinada forma de rusticar.
El rusticado, como un veteado o un arenado, confieren a la pipa una
personalidad propia que no se pierde con el paso y uso de la pipa.
Las posibilidades que ofrece el mercado en materiales para la
fabricación de boquillas también se ha visto
incrementado notablemente. Metacrilato, poliésteres, barras
de colores, con veteados, aguas, incrustaciones, imitaciones de
piedras. No siempre bien aceptado por los adeptos a las formas
clásicas, son licencias que se toma el artesano, haciendo un
guiño a la ortodoxia mientras echa un pulso trasgresor a la
ebonita negra.
El perfilado a mano de la boquilla y el pisadientes, es un proceso
delicado que realiza sólo la mano experta del artesano. De
dar con la forma, tamaño y equilibrio perfecto,
dependerá la comodidad de la pipa en la boca.
Indudablemente, será un factor decisivo en la
elección de la pipa ya que el contentar a la
mayoría de los fumadores es tarea muy difícil.
Tintes, barnices, anilinas, ceras, pulimentos ? es la
sección química del taller. Es una fase delicada.
Hay que vestir sin enmascarar, la esencia desnuda de la pipa; como en
una puesta en escena, conseguir que los ropajes no sobrepasen y anulen
al personaje ...
Anillas, lisas o grabadas, de plata o latón, con
incrustaciones o adornos, encastres de maderas exóticas,
bambú, poliéster o de asta, múltiples
posibilidades para dar rienda suelta a la coquetería
femenina de la pipa.
El taller no es exclusivamente el lugar de trabajo. Por unos momentos,
puede transformarse en ese lugar que todos ansiamos, personal e
íntimo, para disfrutar de unos instantes de
relajación. No hay nada tan gratificante como,
concluída la obra, sentarse con una buena pipa, un
café cargado y sacar a cazar a la imaginación,
con el convencimiento de que, la presa, será una desafiante
idea con la que afrontar un nuevo proyecto.
Espero hayan disfrutado del paseo virtual de mi pequeño
taller
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