Marca de aceptación





Descarga gratuita


Sabado, 04 de Septiembre de 2010
    

Brezo
El brezo (Erica Arborea) crece en suelos ácidos pobres, rocosos o arenosos, ubicados en zonas umbrías y frescas de las laderas de montaña, junto a alcornoques y robles. Por degradación de los propios bosques, puede llegar a constituir brezales.



Es un arbusto de altura variable - 1 a 4 metros -, pudiendo alcanzar la constitución de un árbol con tronco y ramas retorcidas.

Siendo una planta que puede estar presente en distintas partes del mundo, el brezo usado en la elaboración de pipas, por su abundancia y calidad, se circunscribe a la zona del Mediterráneo.




La recolección es la parte más laboriosa del proceso. Al no existir plantaciones que permitan su mecanización, el trabajo debe ser hecho a mano (y, nunca mejor dicho, “a salto de mata”), siendo las herramientas empleadas la sierra de mano, pico o azada. La primera fase consiste en desenterrar parcialmente la raíz para comprobar que su tamaño y constitución sean aparentemente idóneos.





Si el veredicto es positivo, se cortan las ramas aéreas y el tronco y, con la ayuda del pico, se procede a cortar las ramas de la raíz para desenterrarlo.



La parte del brezo que se aprovecha para la fabricación de pipas es el bulbo que forma su raíz. Se trata de una excrescencia, normalmente en forma de pelota (llamada “pilot”), que constituye un auténtico aljibe en el que la planta almacena el agua para su supervivencia.





Si la recolección dura varios días, los pilots deben remojarse y enterrarse para que mantengan su grado de humedad, pues si permanecen al aire libre por mucho tiempo, corren peligro de cuartearse.





Si la “cosecha” se ha realizado en un sólo día, tan sólo queda cargarlos a la espalda y volver a la civilización.





La calidad del brezo viene determinada principalmente por la edad de la planta. A mayor vejez, la madera se vuelve más porosa, ya que los capilares que captan la escasa humedad del terreno para llevarla al núcleo de la raíz, se multiplican y tienden a apretarse, lo que posteriormente dará lugar a la veta y grano tan apreciados por los pipa fumadores. A principios del pasado siglo, se consideraba que, una madera de buena calidad, debía tener entre 40 y 100 años de edad.

Desgraciadamente, la explotación intensiva, ha hecho que en la actualidad sea una utopía encontrar raíces centenarias, considerándose como aceptable una antigüedad entre 20 y 25 años.




Otros factores que influyen en la calidad del brezo son las características del suelo y la climatología, determinantes del crecimiento de la raíz. Si el arbusto crece en condiciones difíciles, su raíz se desarrollará lentamente y su grano será mejor. Si su crecimiento se produce en una zona excesivamente húmeda o cálida, el peligro puede ser la aparición de carcoma o gusanos, que anidaran en la raíz.



Los “pilots” son almacenados en cobertizos en penumbra a la espera de ser sometidos a la operación de corte.



Durante este tiempo, son remojados continuamente y mantenido su grado de humedad para evitar resquebrajamientos.




Se aprovecha también para efectuar la última limpieza de ramas y raíces, desincrustando las piedras visibles que suponen un peligro para la sierra de corte. 




El corte del brezo – madera especialmente dura - se realiza con una sierra circular. Generalmente se corta la raíz por el medio. La configuración de las dos mitades, indicarán, al ojo experto del cortador, los sucesivos cortes que deberá practicar, en función del objetivo que pretenda: si obtener el mayor número de piezas posible, o arrancar piezas de la mejor calidad con veteados o granulados perfectos. En la actualidad, para el buen artesano, prima la calidad sobre la cantidad, siendo frecuente que de una raíz se obtengan escasas pipas, en muchas ocasiones ninguna, con un nivel estético exigente.





Los “Pilots” son cortados en placas ( “plateaux” ) y en tacos o escalabornes ( “ebauchons” ), con la forma incipiente a partir de la que será torneada la futura pipa. Durante la fase de corte se pierde gran cantidad de madera ya que, además del núcleo central que no se aprovecha, y las posibles partes dañadas, hay que añadir la corteza o costra exterior (cuando no es utilizada) y, en menor proporción, la intersección con la cepa del tallo ( “branca” ) que penetra en la raíz y que se suele desechar.





La siguiente fase es el hervido de los escalabornes y placas, en grandes ollas especialmente habilitadas para ello, y cuyo fuego es alimentado por la madera desechada en las fases anteriores. No existe una regla fija acerca del tiempo que debe durar esta cocción, aunque, por regla general, no es inferior a 18 horas. Durante este proceso, la madera desprende las impurezas que pudiera tener, liberando las resinas y taninos que contiene en su interior y, que de no eliminarse, transmitirían posteriormente fragilidad a la pipa y un regusto amargo a su fumada.





Una vez hervidos, se clasifican los bloques por calidades y tamaños, lo que permitirá la planificación de los periodos en que serán utilizados en el futuro





Posteriormente, las piezas son cubiertas para su fermentado. Obstaculizando la transpiración, la madera se recubre de una fina película de moho, que evitará su resquebrajamiento durante el secado.





Esta fase puede durar varias semanas, transcurridas las cuales, los tacos de madera estarán listos para la siguiente fase de secado.





El secado de la madera es determinante del éxito o fracaso en la posterior fabricación de la pipa. Denominado también curado, existen múltiples sistemas: al aire, en horno, al vapor, al aceite, etc. Sin embargo, la mayoría de los expertos coinciden en que el más idóneo es el secado natural al aire, pues los restantes sistemas no garantizan la total evaporación de las resinas de la madera.





Se trata de un proceso muy lento que, dependiendo de los casos, puede durar entre uno y cinco años. Rafa Martín utiliza, para la fabricación de sus pipas, brezo secado un mínimo de cinco años.





En el secado al aire, se controla que las condiciones ambientales sean lo más constantes posibles, evitando cambios bruscos de temperaturas y las acciones del viento y el sol. Si las piezas quedaran expuestas a estos elementos, sería más que probable la aparición de grietas en la madera.





La última fase, aunque en realidad se trata de una prolongación de la anterior, es el embodegado de los escalabornes, que durante años esperarán pacientes a ser elegidos por el artesano que les dará forma. Rafa Martín, ha desarrollado gran parte de su producción con brezos embodegados durante más de quince años.



©pipesmartin.com.  Todos los derechos reservados.  info@pipesmartin.com   
Webmaster
juanjose_gomez@telefonica.net